Cuba socialista
«Soy marxista-leninista y seré marxista-leninista hasta el último día de mi vida.»
Fidel Castro
«Soy marxista-leninista y seré marxista-leninista hasta el último día de mi vida.»
Fidel Castro
La autorepresentación histórica, basada en el mito, de la Revolución no tiene precedentes. Es una mezcla de narcisismo político, conservación histórica de la Revolución e iconografía que a veces se eleva a lo religioso. La Revolución cubana, sin embargo, se desmitifica a sí misma y al final no es más que otro ejemplo de socialismo que no funciona.
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Los años después de la Revolución cubana no dan cabida a ninguna celebración, sino todo lo contrario, obligan a reflexionar seriamente sobre las decepciones políticas y sobre el destino que la historia ha reservado para las utopías, hoy día prisioneras de una isla donde las virtudes han desaparecido pues hierven solamente las pasiones humanas de la lucha por el poder y el drama de millones que únicamente buscan sobrevivir.
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Durante muchos años, la inversión en el mantenimiento de las infraestructuras de todo tipo ha sido insuficiente. Las divisas son escasas y se utilizan para otras cosas además del mantenimiento. Esto se puede ver en los edificios deteriorados de La Habana, pero también en todo el sector productivo.
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El régimen cubano culpa al embargo estadounidense por sus problemas económicos pero, sin disminuir el efecto adverso del embargo, la causa fundamental de dichos problemas ha sido la política económica del pasado medio siglo. A pesar de tanta ayuda de la Unión Soviética y Venezuela, Cuba hasta ahora no ha transformado su estructura productiva, logrado la autosuficiencia alimentaria, ni tampoco ha generado suficientes exportaciones para pagar por sus importaciones crecientes.
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