Durante muchos años, la inversión en el mantenimiento de las infraestructuras de todo tipo ha sido insuficiente. Las divisas son escasas y se utilizan para otras cosas además del mantenimiento. Esto se puede ver en los edificios deteriorados de La Habana, pero también en todo el sector productivo.
Agricultura e industria
El fracaso de la Reforma Agraria
El cultivo de las tierras agrícolas centralizadas se mecanizó en gran medida. La Unión Soviética apoyó a Cuba con las herramientas agrícolas, los tractores y la maquinaria necesarios. La consecuencia inmediata fue el establecimiento y la expansión de una agricultura intensiva en capital con unidades de producción cada vez más gigantescas.
Esta producción agrícola estaba menos orientada a los modelos soviéticos; con su uso intensivo de máquinas, pesticidas, fertilizantes, etc., así como sus grandes superficies de cultivo, se asemejaba más a la altamente capitalizada industria agrícola estadounidense y a la «revolución verde» de la India. Al mismo tiempo, sin embargo, era una forma de producción típicamente socialista, es decir, extensiva: Por lo general, el aumento de la producción sólo podía lograrse mediante el aumento de los insumos y el sector se caracterizaba cada vez más por su ineficiencia crónica y su escaso crecimiento; las explotaciones poco rentables se convirtieron en una tumba de subvenciones del Estado.
A pesar de los enormes esfuerzos realizados, la producción agrícola per cápita de Cuba no volvió a los niveles anteriores a la Revolución hasta principios de la década de 1980. Y aunque entre 1960 y 1990 una cuarta parte de las inversiones realizadas en la isla se destinaron a la agricultura, sus resultados se mantuvieron por debajo de las referencias latinoamericanas.
El gobierno socialista trató de compensar sus fracasos agrícolas principalmente con importaciones. Pero esta política fue de nuevo a expensas de la agricultura. Como la mayoría de las importaciones debían financiarse con las exportaciones de azúcar, las zonas de cultivo de azúcar de caña se ampliaron cada vez más. En 1989, sólo el 43% de la producción agrícola se destinaba al autoabastecimiento nacional, lo que correspondía a 0,14 hectáreas de tierra cultivada por habitante. Esto significa que en la isla se cultivó proporcionalmente menos tierra para su propio suministro de alimentos que en la India. Desde la década de 1980, alrededor del 50% de la demanda nacional se satisfacía anualmente mediante importaciones. Cuba pasó a depender en gran medida de la cuestión estratégica de alimentación de importaciones, una amenaza que no ha sido superada hasta el día de hoy.
Así, la política agrícola de la Revolución en sus primeros treinta años no tuvo éxito a pesar de las inmensas subvenciones y la industrialización, no consiguió liberar la agricultura de la isla de su malsano legado y sanarla de sus dos dolencias crónicas: La dependencia de las importaciones productivas y de las de consumo, así como la escasez de mano de obra en el campo. Esto último incluso empeoró, porque durante la Revolución, el trabajo rural perdió gran parte de su prestigio y la población rural se redujo al 25% de la población total.





La industrialización instantánea bajo Che Guevara como Ministro de la Industria
Con la primera reforma agraria el país había sido dividido en 28 zonas de desarrollo agrícola. En cada una de ellas había un administrador del INRA, normalmente un ex oficial del ejército rebelde, que dirigía la aplicación de la reforma agraria. En los meses que siguieron a la reforma agraria hubo una transferencia de poder decisional de los dirigentes del INRA hacia la administración de la granja, que no se debe interpretar como el prevalecer de una política descentralizadora después del centralismo del primer periodo, sino como una necesidad debida a la incapacidad, por parte del centro, de dirigir directamente el sector agrícola, por la cantidad de tierra estatalizada en tan poco tiempo. Dentro de las cooperativas no había ninguna forma de control desde abajo sobre la dirección (compuesta por funcionarios del INRA), así como nunca entró en vigor la anunciada repartición de las ganancias, por la total ausencia de los mecanismos contables más elementales. En las haciendas directamente administradas (que existían sobre todo en la rama arrocera y en la ganadería) los márgenes de autonomía eran aún menores y tanto los administradores como los obreros agrícolas dependían directamente del INRA. También en el caso de la caña, así como en el arroz y la ganadería, por el carácter estratégico de estas ramas, no era aconsejable dejarlas a productores particulares o fragmentar las parcelas: se formaron así las cooperativas de la caña, estructuras híbridas, donde había una administración elegida por el INRA y un consejo directivo elegido desde la base.
Como consecuencia, hubo un periodo de administración totalmente improvisado, por la libre. Ernesto Che Guevara lo calificó como guerrillerismo administrativo para indicar que los métodos de gestión y las mismas personas encargadas habían sido transferidos de la guerrilla.
Aquí empezó lo que se reveló ser una característica permanente de la conducción de la economía en Cuba, es decir, la concentración del esfuerzo en algunas ramas o sectores, en perjuicio de otros, con las pérdidas que normalmente superan los beneficios, en ausencia de una efectiva planificación central y por tanto al margen de una visión sistémica de la economía.
Se implementó la rápida instalación de una amplia gama de industrias de sustitución de importaciones como la metalurgia, ingeniería pesada y maquinaria, productos químicos, equipos de transporte e incluso plantas de montaje de automóviles.
Azúcar vs. industrialización
Desde el comienzo de la Revolución se había planteado la necesidad de reducir la dependencia del clásico monocultivo cubano (el azúcar) para dar lugar a otros cultivos, como parte de una estrategia oficial que se completaría, esencialmente, con una rápida industrialización conducente a la sustitución de importaciones. Lamentablemente, no prosperó ni una cosa ni la otra.
En términos de economía política fundamental, que fuese a la vez práctica ideológica y política, Castro y Guevara, los principales planificadores -ninguno estudió economía-, durante largo tiempo no pudieron llegar a una decisión sobre el papel del azúcar en la economía cubana. Aunque el azúcar siempre había sido el pilar fundamental de Cuba, los jefes revolucionarios desarrollaron durante 1959 y 1960 la osada noción de que la isla debía poner punto final a su dependencia de este producto, seguramente porque constituía un triste recuerdo del pasado «colonial» dominado por los Estados Unidos.
Faltaba una línea racional de conducción de la economía respecto del clásico monocultivo cubano. La realidad golpeó las razones ideológicas de Castro y Guevara y demostró a ambos que no podrían abandonar al azúcar. Debido a que el sector azucarero fue ignorado, la zafra cayó de 6,7 millones de toneladas de azúcar en 1961 a 3,8 millones en 1963, generando una crisis en la balanza de pagos. Después, las realidades económicas obligaron a Castro y a Guevara a abandonar la idea de que la industrialización pudiera convertirse, de la noche a la mañana, en la nueva fuente de riqueza.
En el proceso de industrialización se habían establecido metas de corto plazo que se encontraban por encima de las posibilidades del país y necesitaban insumos del exterior que no arribaron a tiempo. La conveniencia económica soviética, derivado de la adscripción cubana a la URSS, determinó que Fidel Castro devolviera su mirada a la prioridad azucarera. El resultado final fue que Cuba se volvió más dependiente que nunca de las exportaciones de azúcar, de insumos importados de todo tipo, y de un nuevo socio hegemónico, la Unión Soviética.




La huida del personal técnico y administrativo al inicio de la Revolución por su conducta, había dejado un vacío preocupante, siendo imposible reemplazarlo inmediatamente con personal local. A veces se entregaba a jóvenes revolucionarios la responsabilidad en la conducción de ingenios azucareros o de plantas productivas tecnológicamente avanzadas, lo cual llevaba a ese guerrillerismo administrativo de Che Guevara un gran obstáculo en el camino para el desarrollo.
Se había cometido un error fundamental, trazando una estrategia de desarrollo demasiado ambiciosa e irrealista, que buscaba una rápida diversificación en la producción agrícola y un acelerado proceso de industrialización, lo que ponía aún más en evidencia la escasa preparación técnica, la falta de experiencia administrativa de los jóvenes dirigentes de empresas apenas nacionalizadas y la carencia de información estadística que ponían serias limitaciones a la actividad de planificación. El fracaso de la primera estrategia de desarrollo era claro en 1963: no se había empezado un proceso de industrialización y en la agricultura se registraba el colapso de muchas producciones, en lugar de un proceso de diversificación como se había programado.
El modelo de sistema financiero ‘presupuestado’ y el modelo de ‘cálculo económico’
Che Guevara instaló un denominado «sistema financiero presupuestado«, en virtud del cual las empresas debían operar sin autonomía financiera y sin contabilidad; no recibirían ingresos por las ventas de su producción, ni pagarían por sus insumos con tales ingresos. Sin una estructura racional de precios y sin conocimiento de sus verdaderos costos ni del valor de su producción, ni las empresas ni las autoridades planificadoras podían tener una idea de la eficiencia real de las primeras, de los sectores de la economía, o del uso de recursos en cualquier lugar. El resultado fue una desastrosa ineficiencia.
En el cálculo económico las empresas estatales socialistas deben autofinanciarse, o sea cubrir sus gastos con los ingresos generados por su actividad económica, sin poder recurrir al presupuesto central. Se comportaban por tanto como empresas capitalistas, buscando ganancias, relaciones horizontales con otras empresas y el crédito bancario cuando era necesario. La fuerza de trabajo venía motivada con estímulos materiales, como en el sistema capitalista. Este sistema de dirección de la economía comenzó en aplicarse en la URSS y su principal sostenedor en Cuba era Carlos Rafael Rodríguez, ex dirigente del Partido Socialista Popular y filo soviético, quien fue nombrado director del INRA en 1963 y trató de insertar el cálculo económico en las granjas sin mucho éxito.
El modelo de sistema financiero ‘fidelista’
En 1965, Che Guevara como ministro, quien había introducido en la indústria el sistema de financiamiento presupuestario, se fue a exportar la lucha guerrillera primero a Congo y el año siguiente a Bolivia. Rodríguez entregó a Castro la dirección del INRA que empezó el desmantelamiento de ambos sistemas de dirección de la economía.
Los principales cambios entonces introducidos por Fidel Castro fueron los siguientes:
- La Junta Central de Planeación perdió poder y la dirección de la economía se centralizó en la figura del comandante en jefe, el mismo Fidel Castro.
- Se suprimió el presupuesto público (el último se aprobó en 1967), las empresas estatales dejaron de realizar entre ellas cobros y pagos.
- Se abrogaron las escalas salariales introducidas en 1961 y las normas y se introdujo el horario por conciencia, con horas extra voluntarias y gratuitas.
- Las empresas tenían sólo objetivos de producción definidos en términos físicos, sin ningún control sobre los costos de producción.
Castro definió este sistema de dirección ‘el nuevo sistema de registro económico’.
Los resultados de la aplicación del «modelo fidelista» fueron indiscutiblemente desastrosos.
Algunos productos del campo como el maíz desaparecieron, la producción de tubérculos importantes en la dieta alimentaria cubana como la yuca, el ñame, el boniato y la malanga, se redujo 90% entre 1957 y 1970. La producción de frutas (plátano, piña) también sufrió una caída vertical y la de leche cayó 30%, también la de carne de puerco y de pollo se redujeron considerablemente.
Todo esto a pesar del enorme esfuerzo inversionista realizado en el periodo en el sector agropecuario: por ejemplo, aumentó 30% la superficie cultivada entre 1965 y 1970, y se multiplicó por dos el número de tractores entre 1968 y 1970.
De la sucrofobia a la sucrofilia
Los lideres revolucionarios intentaron en los primeros años instaurar una política de industrialización y diversificación económica marcadamente antiazucarera, pero es evidente que con el cambio en la estrategia de desarrollo en 1964 termina el intento de diversificar las exportaciones y se vuelve a considerar la producción azucarera como la fuente imprescindible de divisa que había sido hasta 1959.
Los importantes déficits comerciales, los acuerdos con China y la URSS para estabilizar en niveles razonables (superiores al costo de producción) el precio del azúcar y las cantidades que se comprometían a comprar, además del contenido bajo de importaciones del azúcar y del tabaco, movieron hacia un cambio radical en la estrategia de desarrollo. Se pasó de la sucrofobia a la sucrofilia, al establecer una estrategia de desarrollo más ortodoxa con el azúcar en lugar de la industria pesada. La idea esta vez más realista era que los ingresos altos y estables de las exportaciones azucareras habrían permitido algunos años después financiar un desarrollo industrial.
De esta manera se pretendía promover las exportaciones y generar a través del sector exterior el financiamiento de la inversión interna. La estrategia fracasó: entre 1965-1970 se planificó la producción de 47 000 000 de toneladas de azúcar, pero se produjeron sólo 35 100 000. Esto significó el incumplimiento en la entrega del producto a la URSS por una cantidad casi equivalente a la diferencia entre producción real y planificada (se entregaron a los soviéticos 12 100 000 toneladas, la mitad de lo acordado para este periodo). Las exportaciones a la URSS disminuyeron entre 1966-1969 a una tasa anual de 5.4%. El déficit comercial con la URSS entre 1968-1972 fue siempre mayor que el total de las exportaciones hacia ese país.
Aun criticando la herejía cubana, los soviéticos se encargaron de asegurar la sobrevivencia de la Revolución. En 1969 las ventas de azúcar en el mercado mundial fueron de 2 180 000 toneladas, mayores que las exportaciones a la URSS (1 350 000 toneladas). Estas últimas se redujeron 30% entre 1964 y 1969. En 1972, el año del segundo acuerdo comercial con los soviéticos, el valor de las exportaciones de azúcar a la URSS era inferior al de 1964 (el año del primer acuerdo), mientras que las importaciones de la URSS casi habían duplicado. Sin embargo, con el nuevo acuerdo de 1972 la URSS hizo otras concesiones, estableciendo un precio para el azúcar cubano en línea con la tendencia creciente en el mercado mundial, y aceptando que las entregas de Cuba se quedaran bajas para que pudiera vender el azúcar en el mercado mundial aprovechando el incremento de precios.
Sólo la generosa ayuda soviética evitó el derrumbe del proceso revolucionario, pero eso abrió el camino hacia la dependencia económica, que transformó a Cuba en un país satélite de la Unión Soviética.


La Ofensiva Revolucionaria (1968)
El objetivo fundamental de esa campaña fue acabar, de una vez y por todas, con los vestigios de la época pre-revolucionaria, lo cual era fundamental para la construcción de una sociedad nueva y la forja de El Hombre Nuevo, que no era más que el concepto del revolucionario austero y virtuoso, dispuesto a cualquier sacrificio y alejado de todo tipo de ambición material.
El gobierno revolucionario ya había nacionalizado las grandes empresas y compañías a inicios de la década de los sesenta. La socialización de los grandes medios de producción era un paso indispensable en la conformación de una sociedad socialista. Sin embargo, la expropiación de pequeñas y medianas empresas y de cualquier tipo de negocio privado era un paso radical que iba más allá. Muchos no entendieron de qué manera incidía la expropiación de un puesto de pan con croqueta en la construcción del socialismo, pero como ya mencionado se pretendía la destrucción total del viejo paradigma social. Sobre las ruinas de la anterior se erigiría una sociedad nueva, formada por seres humanos incorruptibles, monásticos y virtuosos, y, por encima de todo, revolucionarios y sacrificados, dispuestos a inmolarse por la patria nueva.
Era un ideal digno por el cual luchar, porque en eso consiste la belleza de los ideales, sirven de faro y guía para ser mejores, pero ese deseo no puede ser impuesto, ni ir en contra de las lógicas más elementales. Fueron expropiados comercios de víveres, carnicerías, bares, establecimientos de comida, a saber, restaurantes, cafeterías, etc. También lavanderías, barberías, zapaterías, talleres de mecánica automotriz, talleres de artesanía, carpinterías y todo aquello que representara un atisbo de independencia económica y autosuficiencia. Por supuesto, aquello no tenía cabida en la nueva sociedad socialista, ya que, en esa sociedad, sería el estado el garante absoluto de la satisfacción de las necesidades del pueblo, de todas las necesidades del pueblo.
¿Acaso no había nadie que alertara de las consecuencias que esta Ofensiva podía traer, y que de hecho aún sufren los cubanos hasta el día de hoy? Muchas de estas pequeñas y medianas empresas, o negocios privados que fueron confiscadas en la Ofensiva Revolucionaria de 1968, formaban parte del patrimonio familiar de muchos cubanos que, por generaciones y con gran esfuerzo, sacaron adelante para garantizar a sí mismos y a sus descendientes una vida mejor. El despojo de los bienes que con tanto sacrificio adquirieron, tuvo costos humanos irreversibles. Familias enteras quedaron en la ruina, algunos enloquecieron, otros buscaron la salida en el suicidio, otros emigraron, y muchos vivieron el resto de su vida desahuciados.
La alta dirigencia revolucionaria haría bien en pedir disculpas, porque, además de ser políticamente correcto, sería un alivio a tantos rencores y amarguras contra la Revolución, que al día de hoy son heridas aún sin cerrar, y que tuvieron su origen en aquellos días de 1968, cuando creían que los ideales se cosían a mano y que tenían el paraíso a la vuelta de la esquina.
El Cordón de La Habana (1967-1968)
Por aquel entonces, La Habana tenía una extensión territorial de extensión territorial de 6,106 kilómetros y una superficie total agropecuaria y silvícola de 4,928. En un discurso de la época -de aquellos grandilocuentes- Fidel Castro planteó que a fines de 1969, estaría sembrado el 95% del total que rodea La Habana, como un cordón. Según aseguraba, este proyecto abastecería la ciudad de La Habana de todas sus necesidades de alimentos en no menos de cinco años. “De ser exitosa esta experiencia, se aplicará en Santiago de Cuba”, expresó Castro al respecto al recién inaugurado diario Granma.
Surgió la idea de resembrar las fincas expropiadas que en antaño abastecían a la urbe habanera. La orden era plantar café y gandules. Se trataba de crear un jardín que hiciera desaparecer la escasez del producto e incluso exportarlo, ahorrando los costos de transportación de fruto recolectado en las montañas del este de la isla. Para cumplir aquel objetivo a diario se movilizaban unos 25.000 trabajadores, por lo que era muy común que los centros de trabajo y estudios amanecieran cerrados, con un cartel en sus puertas que decía: “Estamos para el Cordón”.


La superficie del Cordón de La Habana era aproximadamente 30 000 hectáreas de tierra, de las cuales aproximadamente unas 19 000 irían sembradas de frutales con café intercalado en los frutales. El resto del área comprendía de 17000 hectáreas de pasto, ya un poco más alejadas; y además dos bosques: uno casi en el corazón de la ciudad, en las márgenes del río Almendares, que tendría unas 500 hectáreas, y otro bosque en las proximidades de la calle 100, que comprendería aproximadamente de 300 a 400 hectáreas.
La joya del llamado Cordón de La Habana era el café Caturra, un café enano de sol que se cultiva en Brasil, para lo que ni siquiera se tomó en cuenta los estudios de los suelos. Baste decir que se sembraron ocho veces las matas que se plantan en México en un año.
En frutales se habían garantizado 5 millones de posturas de mango, guanábana, anón, marañón, limón criollo, tamarindo, mamey y otras frutas. Se le ocurrió a Castro a plantar en el Cordón unas 4000 hectáreas de cítricos, pues decía que en la Florida producían por encima de 5 millones de toneladas de cítricos anuales en una cantidad de tierra parecida a esta y los cubanos no podían ser menos pues sus tierras eran mejores.El “gran jefe” hizo otro gran aporte por aquel entonces: construir grandes terrazas dedicadas a la siembra en 59 lomas de la capital. Además, ordenó la construcción de unas 80 pequeñas y medianas presas, y una de mayor tamaño, en Palo Seco, que pasaría a ser una especie de monumento a la ineficiencia.
Como también se las daba de “padre de la ganadería”, mandó a sembrar 14 millones de posturas del ya olvidado gandul (la moringa de aquel tiempo). Se erigieron gran cantidad de edificaciones que no cumplen ninguna función en estos momentos y más de 500 kilómetros de cortinas rompevientos, las cuales presuntamente se encargarían de proteger las plantaciones del efecto secante de los vientos.
En menos 150 días se construyeron en el Cordón de La Habana 458 viviendas, 130 pequeñas cochiqueras, 100 gallineros, 79 establos, 338 obras de otro tipo —comedores, almacenes— y 280 obras en áreas verdes. Fidel pretendía en un término breve convertir a Cuba en uno de los mayores productores de leche y carne del mundo.
Estos datos son suficientes para que tres generaciones sepan por qué no se toma café puro en Cuba, sino mezclado con chícharos. En la actualidad, gran parte de los niños y adolescentes ni siquiera conocen algunas de estas frutas.
El proyectó fracasó cuando se descubrió que las plantas de café no progresaban debido a la plantación paralela de otra planta de crecimiento extremamente rápido, el gandul, destinada a darle sombra a la plantación, pero que absorbía todo el oxígeno de la tierra y mataba al cafeto.
Sería muy difícil cuantificar el costo de la transportación de estas personas, de todos los servicios que se dejaron de prestar y de la maquinaria empleada. Solamente por concepto de salarios, se fueron más de 105 millones de pesos. ¿A quién le importaba, si era una “brillante” idea del Comandante en Jefe?
Cuando la gente se pregunta cómo se ha destruido la economía cubana, es necesario recordar estos tiempos, que fueron la base de las «ideas» destructivas del régimen y cómo cooperó a ello la tozudez de un solo hombre.
La zafra de los 10 millones (1970)
Hubo un tiempo en que Cuba era su azúcar. Las plantaciones de caña sostenían la economía de la isla y marcaban los vaivenes de su historia. Se trataba del sector productivo emblemático del país, de su fundamento y del motor de su modernidad; de la razón de sus grandezas y de sus principales miserias. No fue muy distinto con Fidel Castro, que se apoyó en las cuantiosas exportaciones de azúcar para sostener la economía. O, mejor dicho, en compras masivas de la Unión Soviética a precios subsidiados. Como todo en la Revolución cubana, todo fue bastante bien mientras la Unión Soviética, como gran hermano comunista, subvencionó a Cuba con millones. La gestión de la industria azucarera es el paradigma por excelencia de los graves pecados económicos de Fidel Castro y su Gobierno. Y aporta el que seguramente es el mayor fracaso del líder revolucionario: el de la allí conocida como la “zafra de los diez millones”.
Animado por la buena marcha del sector y por la euforia que con frecuencia se desataba en su ser, el comandante en jefe proclamó el de 1970 como el año de la zafra –o cosecha de azúcar– de los diez millones de toneladas de caña. Al final no pudo ser, y la producción no pasó de 8,5 millones. Era la mayor hasta la fecha, pero eso no serviría de gran consuelo. Castro había esbozado su plan ya en febrero de 1964, durante su discurso ante la primera asamblea nacional de trabajadores bancarios. Pero fue en octubre de 1969, en un acto de los estudiantes de Agronomía, cuando formuló el reto en términos así de rotundos y autoexigentes: “Si nos quedáramos en 9.999.999 toneladas, sería un gran esfuerzo, muy meritorio y todo lo que quieran. Pero realmente debemos decir de antemano que sería moralmente una derrota. Porque no nos conformamos con triunfos a medias (…) Sería una derrota, no una victoria. Porque es que el problema de los 10 millones se volvió algo más que toneladas, se volvió algo más que economía: ¡Se volvió una prueba, se volvió una cuestión moral para este país!”.
Toda Cuba se puso manos a la obra. Con participación del ejército, cientos de miles de ciudadanos fueron movilizados para cortar caña. La forma en que el país se volcó en el objetivo fijado por su entonces primer ministro provocó el asombro de todos los países que siguieron la gran apuesta. El propio Fidel dedicó numerosas jornadas de cuatro horas a cortar caña. “¡Los diez millones van!”, repetía la propaganda, y de ahí surgió la famosa orquesta salsera Los Van-Van.
Pero el desafío resultó desmedido. Casi todo lo demás pasó a un segundo plano. Gran parte de las demás actividades productivas se vieron enormemente afectadas al quedar a medio gas. De tal manera que el resto de la economía cubana sufrió ese año un retroceso superior al 20%. Además, las fiestas navideñas se suspendieron por coincidir con los días de mayor actividad en la zafra.
Desde aquel año tan poco memorable para los dirigentes revolucionarios, la producción de azúcar fue objeto de fuertes bandazos en función de las variaciones en los precios internacionales y de las consiguientes consideraciones del comandante en jefe. Poco amigo de las medias tintas, en el año 2002 Fidel ordenó cerrar más de un centenar de sus ingenios o factorías azucareras; el 60%. Adujo que ese cultivo representaba “una ruina” para el país. Pronto se arrepentiría.
En 2006, las fuertes subidas en los precios del azúcar hicieron que los cubanos se llevaran las manos a la cabeza y aconsejaron volver la vista al sector: se imponía un incremento en la producción. Pero ya era tarde. Prueba de ello es que tanto en ese año como en 2007 Cuba se vio obligada a comprar cientos de miles de toneladas de azúcar fuera, básicamente en Colombia y Brasil. En 2010, el país registró el récord de su zafra más pobre en 105 años: apenas un millón de toneladas.


Cierre de la mitad de los ingenios azucareros (2002)
En 2002 Fidel y Raúl Castro decidieron que no había futuro para el azúcar ante los bajos precios del dulce en ese momento, y decretaron el cierre de 71 ingenios azucareros, de los 156 que se tenían. Se perdió alrededor del 33% de las áreas sembradas de caña, 100.000 trabajadores quedaron sin trabajo, los bateyes se convirtieron en pueblos fantasmas. En los años siguientes los precios del azúcar comenzaron a subir.
Alimentación en Cuba
La libreta de abastecimiento 1962
La promulgación de la Ley 1015 de 1962 dio lugar a la creación de la Libreta de control de abastecimientos con el objetivo de garantizar que los productos básicos fueran asequibles a toda la población. Por medio de una disposición del Consejo de Ministros se creó la Junta Nacional para la Distribución de los Alimentos, y esta, haciendo uso de sus facultades, estableció las primeras medidas de regulación de alimentos para los cubanos, sentenciando lo que serían los siguientes años de racionamiento. Bajo el eufemismo de «año de la planificación» (1962), la Junta Nacional para la distribución de alimentos anunció en su primera reunión del 13 de marzo de 1962 cuáles serían los productos racionados y cuál sería el proceder para la adquisición de estos a través de la Libreta.
En términos prácticos, se le entrega una libreta a cada núcleo familiar, donde se incluyen los nombres, edades y sexos de las personas que la conforman, y con esta retiran los alimentos. Hay productos que llegan una vez al mes, pero es común que no todos lleguen al tiempo, por lo que las personas esperan hasta mediados o finales de mes para que se acumulen todos los productos en la bodega y así evitar ir más de una vez.
Lo que comenzó como una medida para «mejorar la distribución de los abastecimientos», terminó convertido en una política de Estado, que por medio de la alimentación, controla a la población en lo más íntimo. El régimen se metió en cada uno de los hogares y de manera abrupta entró a controlar lo que cada familia podía comer y los productos con los que se podían asear. En un abrir y cerrar de ojos las disposiciones de la Junta establecieron medidas para todo el país, incluidas 26 ciudades y para la «Gran Habana».
No se trataba de una decisión menor, justificada en el desabastecimiento de los que sí podían comprar frente a los que quedaban marginados, sino de una medida deliberada para registrar a cada residente en la Isla a través de una persona que fungiría como «cabeza de familia» y que registraría a todos los integrantes del núcleo familiar para que de ese modo el paterfamilias Estado Revolucionario pudiera «garantizar el abastecimiento».





En realidad, no hubo ganancia, y sí una tremenda pérdida. No se perdió solo la libertad de comprar —de quienes podían y de quienes no—, sino que también se perdió la libertad de no ser controlado por un aparato ideologizado como los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), órgano de vigilancia que a partir de ese momento adquirió dientes y aumentó su capacidad para vigilar a los vecinos. Por medio de la libreta, los CDR accedían a las familias y podían así ampliar legalmente su control a otros ámbitos, como por ejemplo si la familia o los miembros individuales estaban a favor o en contra de la Revolución.
Aunque no todas las personas manifiestan recibir los mismos productos, los más comunes de encontrar son el arroz, la azúcar blanca, azúcar prieta, granos —generalmente chícharos— café, espagueti, frijoles, sal y fósforos. Y en relación con los cárnicos, aunque hay variaciones, se refieren a pollo o pescado, mortadela, picadillo de soya y huevos. Los niños y personas mayores tienen una dieta especial y reciben otros productos adicionales, como los niños cubanos que reciben al nacer una compota al día durante su primer año de vida y hasta los 7 años un litro de leche diario a US$0.10 pero después de esa edad deben comprarlo a precios altos en las tiendas de divisas. La Libreta de Abastecimientos también ha servido durante décadas para entregar cuotas especiales de alimentos a personas que deben tener dietas por prescripción médica, las cuales pueden incluir carne, leche, viandas y vegetales.
“A pesar de los obstáculos, el Gobierno cubano, con extraordinarios esfuerzos y pese a carencias y dificultades, garantiza el derecho universal a la alimentación a través de la canasta básica familiar normada, que reciben todos los cubanos y cubanas, y que incluye 19 productos alimenticios de primera necesidad a precios asequibles”.
Presidente Miguel Díaz Canel, ante la Asamblea General de Naciones Unidas del 23 de septiembre 2021
Sin embargo, la realidad de los cubanos de a pie dista mucho de la anunciada por el presidente. La libreta no alcanza a cubrir los 19 productos y los que incluye no son suficientes, ni en variedad ni en cantidad para cubrir las necesidades de todo un mes y no cubre la canasta básica familiar.
De acuerdo con el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, para 6 de cada 10 familias los alimentos de la libreta de racionamiento solo cubren entre 5 y 10 días, y además, el 70% de las familias encuestadas indicó que hubo escasez de alimentos básicos. Esto quiere decir que la libreta es insuficiente para cumplir las necesidades de alimentación de la población y las alternativas de abastecimiento son insuficientes.
Si los productos de la libreta no alcanzan para completar el mes, los cubanos pueden dirigirse a las tiendas en moneda nacional, sin embargo, estas venden únicamente uno o dos productos y para conseguirlos se deben realizar largas filas. Pero hacer las filas no garantiza que se pueda conseguirlos, pues es común que estos se agoten y las personas tengan que volver nuevamente. Además, los productos suelen estar racionados y se venden en cantidades limitadas.
En la actualidad Cuba gasta más de US$1.000 millones anuales en subvenciones a los alimentos que se entregan a través la Libreta de Abastecimientos a todos los ciudadanos, los cuales solo pagan un 12% del valor real de los productos.
Lo más grave de la situación es que el 67% de los encuestados por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos califica la alimentación familiar como deficiente, mientras que el 38% manifiesta haber tenido que dejar de hacer alguna comida por falta de dinero o de recursos.
Por ello, el discurso de Díaz-Canel, además de estar lleno de falsedades, se presenta como una afrenta a los compromisos internacionales de Cuba, un país que está lejos de cumplir con su responsabilidad internacional en cuanto a la garantía de los Derechos Humanos, y particularmente del derecho a la alimentación. Es así que, el discurso de Díaz-Canel, no solo es ajeno a la realidad de los cubanos, sino que además resulta contrario a los instrumentos efectivamente ratificados por el Estado cubano.
La libreta de racionamiento más que garantizar el acceso, permanente y sin restricciones a la alimentación, es una forma vedada de chantaje que genera dependencia del Estado para garantizar el sustento y una forma de control social por la pauperización y la espera.
El problema no es la Libreta sino los salarios, es que los precios andan por un lado y los salarios por otro. En vez de subvencionar los alimentos a todos, la población debería ganar salarios dignos y mediante un seguro se puede subvencionar a las personas de bajos ingresos.
Vivienda en Cuba
La Constitución cubana reconoce la vivienda como un derecho (Artículo 71) y asigna al Estado la responsabilidad de crear las condiciones para hacerlo efectivo. La mayoría de los cubanos (una persona de la gran familia) tienen el título de propiedad de sus hogares y pueden pasárselo a sus hijos. Pero la compra y venta de propiedades fue prohibida en la década de 1960, cuando Cuba comenzó a construir un estado comunista idealista. La única manera legal de cambiar la propiedad de la casa era a través de un sistema de intercambio complicado y burocrático llamado «la permuta”. Había un montón de intermediarios y revendedores que le ayudan a la gente a hacer los contactos adecuados y lidiar con la burocracia. Para hacer un intercambio era necesario el permiso del gobierno y oficialmente no estaba permitido que el dinero cambie de manos. Esto ha hecho moneda corriente los pagos bajo la mesa y una corrupción generalizada.
Desde el 2011 es más fácil alquilar propiedades o habitaciones dado a cambios de regulaciones. Se permita comprar y vender casas, o permutar pagando la diferencia, todo ello con una interferencia mínima del gobierno. Uno de los anuncios mejor recibidos fue que las transacciones inmobiliarias se llevan a cabo por notarios con licencia. Esto evita la larga espera que supone la aprobación de diversos ministerios y otros organismos gubernamentales. Pero en un país donde el salario promedio sigue siendo de US$20 por mes, son los que tienen el apoyo financiero de familiares en el extranjero los que estarán en la mejor posición para comenzar a comprar propiedades.
Desde 2026 existe una nueva Ley de Vivienda en Cuba. Uno de los cambios más visibles es la posibilidad de que una persona natural pueda ser propietaria de hasta tres viviendas. Durante décadas, esta acumulación estuvo prohibida bajo la lógica de que la propiedad múltiple era incompatible con el modelo socialista. Ahora se presenta como una adecuación a prácticas económicas que llevan años ocurriendo de facto: permutas encadenadas, herencias múltiples y compraventas informales que el Estado ha sido incapaz de controlar. En sí misma, la medida no resulta excepcional ante estándares internacionales. El problema es el contexto en el que se introduce: un país donde acceder a una primera vivienda continúa siendo inalcanzable para buena parte de la población. El texto de la Ley menciona créditos, subsidios y programas estatales como posibles herramientas de apoyo, pero no los configura como derechos exigibles. No se establecen plazos, montos mínimos, criterios transparentes de asignación ni vías efectivas de reclamación en caso de negativa. En la práctica, estos instrumentos chocan con una realidad económica adversa, en la que priman la inflación sostenida, salarios reales deprimidos, escasez crónica de materiales de construcción y un sistema bancario sin capacidad para ofrecer financiamiento viable a largo plazo. Para amplios sectores —jóvenes, madres solteras, trabajadores estatales— el crédito hipotecario no es una solución, sino un trámite imposible.
La escasez de vivienda —un problema constante en Cuba— hace que la mayoría de las familias numerosas, desde los abuelos hasta los nietos, pasando por tías, tíos y primos, tengan que vivir juntas.
Microbrigadas 1970
En la década de 1970, la escasez de viviendas en Cuba se agravó debido a que los planes estatales de construcción masiva cumplieron apenas una fracción de sus metas, lo que provocó un déficit acumulado. Aquel 26 de julio de 1970, Fidel Castro aventuraba una salida: “Nosotros, tomando decenas de miles de obreros a poner ladrillos, no resolvemos. Pueden los propios usuarios en muchos lugares, bajo alguna dirección técnica, participar en la solución de estos problemas”. En diciembre de ese año se crearon las Microbrigadas, en primera instancia, como respuesta a la situación de la vivienda.
Este movimiento de las Microbrigadas se basaba en la liberación de algunos trabajadores, hombres y mujeres, de sus centros de trabajo, que tenían necesidad de vivienda, para que se incorporaran a la construcción en esas Microbrigadas, conformadas por constructores profesionales y por las personas que iban a residir en los edificios. Abandonaban sus trabajos habituales a fin de construir viviendas para ellos y sus compañeros, quienes debían quedarse cubriendo sus funciones –el llamado plustrabajo– con el objetivo de que la producción no se afectara.
El total de obreros que integraban una brigada era 33, los imprescindibles para construir, en nueve meses, un edificio de cinco plantas con 30 apartamentos de dos o tres dormitorios cada uno. Una parte del equipo se solía destinar a obras sociales: escuelas, círculos infantiles, alcantarillado. Se trabajaba de 8 a.m. a 6 p.m., de lunes a sábado, los domingos, toda la mañana. Pero rara vez se respetaban los horarios; por lo general, se trabajaba entre 12 y 14 horas.
Una vez concluidas las viviendas, el 20 por ciento de ellas se entregaba al Estado y el resto se asignaba en asambleas de trabajadores, donde se consideraban –por orden de prioridad– méritos (trabajo, donación de sangre, ‘ser revolucionario’) y necesidades. En teoría, el haber participado directamente en la construcción no otorgaba derechos especiales. Fueron asambleas a las que asistían los microbrigadistas, sus familias, más dirigentes sindicales, administrativos y del partido único. Comoquiera que casi siempre había más microbrigadistas que viviendas a ofertar, y que la adjudicación era por votación a mano alzada, se podrá imaginar el lector lo que se formaba en esas asambleas.
Para agilizar la construcción de estos edificios y abaratar costes de proyectos, la mayoría eran edificios prefabricados, sistemas que habían sido empleados ampliamente con modificaciones en los antiguos países socialista de Europa del Este. Estas viviendas se construían con materiales de baja calidad, menos cemento que lo indicado, con pocas puertas y ventanas (por ejemplo, solo dos puertas, la de la calle y la del baño), y con deficientes instalaciones hidráulicas y sanitarias. Como es lógico imaginar, al poco tiempo de construidas, muchas de estas viviendas presentaban filtraciones y otros problemas que complicaban la vida de sus moradores. El primer reparto que se construyó con Microbrigadas es Alamar, fuera de La Habana.
Cierto que muchos trabajadores consiguieron de esa manera sus viviendas, pero al precio de la desprofesionalización de no pocos ingenieros y licenciados, quienes perdían sus habilidades técnicas y científicas al permanecer tanto tiempo (a veces hasta diez o 15 años) acompañados solo por los picos, las palas y las carretillas para cargar tierra, cemento, arena y piedra. E una cantidad nada despreciable de microbrigadistas, decepcionados por la larga espera, se iban de las microbrigadas y se reincorporaban a sus centros de trabajo sin haber conquistado la vivienda añorada.
En noviembre de 1989, cuando miles de cubanos se afanaban en levantar paredes, los berlineses echaron abajo el Muro que separaba Alemania. Las consecuencias fueron devastadoras para Cuba, ya que el socialismo desapareció en Europa y Cuba perdió a sus principales aliados económicos. En consecuencia, Cuba entró en una crisis —conocida como el «Período Especial». Tras la caída del Campo Socialista, el régimen Castrista desmanteló aquellos programas alegando falta de recursos y abandono económico. Un porciento considerable de los edificios que se habían empezado a construir se detuvieron y muchos centros de trabajo retiraron a sus microbrigadistas, además de que la paranoia castrista de «la guerra de todo el pueblo» desvió los pocos recursos y materiales de la construcción existentes para la creación de túneles populares donde «evacuar» a la población y enmascarar los medios militares «ante una posible agresión imperialista», como solía repetir constantemente el dictador cubano.





Derrumbe de casas
El déficit habitacional en la isla asciende a 900.000 unidades, según reconocen las propias autoridades. La economía cubana, sumados a los recursos limitados, no puede responder a la emergencia. La falta de mantenimiento, el hacinamiento y la escasez de recursos agravaron el déficit habitacional en la ciudad de La Habana. Las familias afectadas, muchas de ellas con niños y ancianos, enfrentan condiciones de insalubridad y precariedad, sin una solución a corto plazo por parte del régimen. Entre 2000 y 2013 se desplomaron 3.856 edificios, casi uno por día, según datos de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Para 2020, alrededor del 37 % de las viviendas en Cuba se consideraban inseguras.
Algunos edificios fueron sometidos a renovaciones durante la campaña turística de los años 90 y tras la visita del ex presidente estadounidense Barack Obama en 2016. Sin embargo, en la mayoría, los balcones y pisos superiores solo se mantienen en pie gracias a pilotes de madera improvisados por los propios habitantes. Las familias atrapadas en edificios colapsados de La Habana vieron cómo su vida cotidiana se redujo a la espera en alojamientos improvisados, con promesas oficiales que nunca se concretan por parte del régimen cubano. La capital de Cuba, famosa por su arquitectura colonial, enfrenta una crisis habitacional que pone en peligro la vida de miles de personas. Salvo las cuidadosamente restauradas construcciones del Casco Histórico de La Habana Vieja, la mayoría de las edificaciones, coloniales o no, se han dañado para siempre.
La escasez de viviendas ha forzado a muchas familias a expandir sus vetustas moradas agregando nuevas divisiones, incluyendo las famosas “barbacoas” (una especie de “segundo piso” dentro de una casa), que le han sumado más carga a las ya debilitadas estructuras.
«Una “barbacoa” en la Habana no es una parrilla donde puedes asar un poco de carne, unos buenos chorizos, y darte un banquete de muerte. Una “barbacoa” en La Habana es una división hecha de madera aprovechando que muchos de los pilares de las casas coloniales eran altos. A la altura mínima para no caminar agachado, se colocan unas vigas de madera que hacían una especie de segundo piso que una vez forrado de madera o incluso con una pequeña placa de concreto, duplicaba la superficie habitable intentando solucionar el crítico y eterno problema de la vivienda en Cuba. Una pequeña escalera te conduce a ese segundo habitáculo, que en lo único que se parece a una “barbacoa” es en el tremendo calor que pasas cuando estás durmiendo allá arriba. Si no tienes un ventilador a todo meter, “te asas”, y con el ventilador, “te cocinas”.»
Testimonio de un cubano, 2012

«La crisis de la vivienda en Cuba es un proceso irreversible. Se pueden restaurar, mejorar, reparar algunos edificios, incluso reforzar la arquitectura existente pero el fenómeno de la subdivisión y la concentración habitacional en la capital es algo que vamos a heredar. Nosotros desde el exilio hemos estado estudiando esta situación durante 40 años, tenemos soluciones y proyectos de arquitectura para materializarlo, pero no lo permiten (las autoridades). Sin la existencia de la propiedad privada y el libre mercado la situación continuará insoluble. La dictadura tiene que desaparecer y a partir de ahí comenzarán a cambiar las cosas.»
Rafael Fornés, arquitecto y profesor de la Universidad de Miami
Ese estado ruinoso de muchos de los edificios de La Habana Vieja se ha convertido en una de las atracciones turísticas por excelencia; extranjeros armados con sus cámaras réflex o digitales se sienten atraídos por esos edificios otrora bellos, pero ahora a punto de derrumbarse, para tomar una foto. Muchos cubanos inviten a los turistas a sus desvencijados solares para que tomen esas fotos de las ruinas, que son las ruinas habitadas de sus propias casas, para que esos turistas en contrapartida, les den 1 CUC (moneda cubana hasta 2021). Ni la dignidad, ni el patriotismo soportan la prueba de la escases eterna, el test de sobrevivir con un salario ínfimo, con el que no se puede llegar ni a principio de mes… y en esas condiciones dejar fotografiar la propia pobreza se convirtió en un recurso más de supervivencia.















Albergues
Las personas cuyas casas o pisos han quedado inhabitables debido a derrumbes, o que corren el riesgo de derrumbarse, son trasladadas a «albergues» provisionales. Estos pueden ser otras casas o cualquier edificio vacío, pabellones deportivos, naves industriales, etc. Por lo general, tampoco hay suficientes «albergues» para todos, por lo que las familias suelen estar abandonadas a su suerte y tienen que buscar por sí mismas alguna solución.
Esto hace que haya familias que hayan tenido que trasladar sus enseres domésticos, incluidos los colchones, a la calle, porque no hay otra alternativa. Los «albergues» suelen estar en condiciones aún peores y muchos tienen que dividir el espacio con telas o cartones a modo de habitaciones. Muchos incluso viven en este tipo de «albergues» entre 3 y 15 años o más.










Vivir en el campo
La situación de la vivienda en las zonas rurales no es mucho mejor.






Una situación de vivienda un poco mejor
Solo hay dos categorías de cubanos que disfrutan de una situación de vivienda mejor y «más normal».
- Cubanos que reciben ayuda de familiares o amigos en el exilio o fuera de Cuba: solo con pagos regulares desde el exterior pueden comprarse los materiales de construcción y el mobiliario que se vende en las tiendas de divisas (aunque incluso allí la oferta es a veces escasa). Ningún cubano puede permitírselo con el sueldo habitual.
- Cubanos leales al régimen: especialmente los más leales al régimen, los militares, los funcionarios del partido y sus familias, y los miembros del Gobierno. Estos reciben un trato privilegiado y obtienen viviendas renovadas o de nueva construcción en barrios residenciales de prestigio.
La Empresa ‘Unión Constructora Militar’ edificó en 3 años el complejo Altahabanece, lo cual marca una gran diferencia con el resto de otras entidades del sector de la construcción, pues posee recursos y financiamientos para sus inversiones. El complejo de viviendas posee una buena calidad constructiva, jardinería, pintura, paneles solares, así como red telefónica y asequibilidad a los medios de transporte que puedan existir. El ejército sigue construyendo viviendas para sus empleados, así como para el Ministerio del Interior y organismos civiles vinculados al sector castrense, a pesar de la compleja situación que tiene la zona central de la capital cubana, con edificios cuyo deterioro estructural, urbanístico y arquitectónico pone en peligro la vida de miles de personas y los valores históricos de esas edificaciones, principalmente las del municipio Habana Vieja, declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Mientras, cerca de 4 mil núcleos de albergados habaneros siguen careciendo de un hogar, y sus estancias en los centros de recepción se prolongan hasta por más de 15 años, lo cual les obliga a vivir hacinados en locales y zonas carentes de una adecuada infraestructura económico-social.
















Las casas de los familiares de los ministros y de la cúpula castrista
La casa de Vilma Rodríguez, nieta de Raúl Castro, que en 2019 aún alquilaba en Airbnb por 650 dólares la noche.




La villa de Mariela Castro Espín, la hija de Raúl Castro.
A Mariela, al igual que a otros miembros del Gobierno, les gustaba darse el capricho de comer langosta de vez en cuando, aunque su consumo estaba prohibido para los cubanos y solo estaba reservado a los turistas.




Casas para turistas y hoteles
Sin transporte, sin electricidad, con escasez de alimentos y medicinas y el deterioro cada vez más pronunciado de sus viviendas, los cubanos tienen que ver levantarse hoteles de lujo en medio de ciudades en ruinas. Estos departamentos de vacaciones (casa particular) cuentan con una decoración moderna y lujosa, y muchos de ellos tienen aire acondicionado. ¡Es sorprendente que todos estos materiales de construcción y muebles modernos se puedan importar sin ningún problema! Con suficiente dinero, todo es posible, ¡incluso en la Cuba socialista!








Hoteles cubanos prohibidos para los cubanos – «Campismo Popular» 1981
El Plan Campismo Popular, creado el 16 de mayo de 1981, fue una idea de Fidel Castro, quien, en septiembre de 1959 propuso «extender por valles, playas y montañas, una forma de alojamiento y disfrute al alcance de todos».
Al iniciar el plan, el 19 de julio de 1981, el ya para entonces presidente del país explicaba en un discurso que «No podemos pensar en hacer muchas construcciones en las playas para vacaciones, cuando sabemos que, por ejemplo, en estas mismas montañas hay cientos y cientos de maestros que no tienen ni una cabaña donde residir; cuando sabemos que hay cientos de miles de familias obreras y campesinas que tienen serios problemas de vivienda”.
El país no disponía de recursos para resolver los serios problemas de vivienda de cientos de miles de familias obreras y campesinas (aún no resueltos en la mayoría de los casos, años después), pero sí para desarrollar un plan de inversiones que permitiría al Gobierno la explotación del turismo internacional.
En una reunión privada con altos funcionarios encargados del turismo por aquella fecha, Fidel expresó que el turismo tenía que convertirse en la primera fuente de ingresos al país, que había que priorizar las inversiones en hoteles, en las playas, y que sus esperanzas se cifraban en el turismo de EEUU. Ya en 1980, por primera vez, Cuba había recibido más de un millón de turistas extranjeros, 2,6 veces más que en 1975. De manera que era necesario liberar las capacidades ocupadas por el turismo nacional para destinarla a los turistas extranjeros.
Sin embargo, las prioridades establecidas ante aquellos funcionarios en privado no fueron mencionadas por Fidel Castro en su discurso del 19 de julio de 1981. Su argumento para justificar el Plan fue que «no alcanzarían todas las playas para que 10 millones de ciudadanos, nada menos que en el breve período de julio y agosto, que coinciden con las vacaciones, se vayan para la playa. Cualquiera comprende que esa no puede ser la solución masiva del problema. ¿Cómo podemos encontrarla? Precisamente si desarrollamos el campismo y el excursionismo, porque entonces nos las arreglamos con una hamaca, con una mochila, con un nylon, con una casa de campaña».
Mediante ese plan se exhortó a los cubanos a pasar las vacaciones en tiendas de campaña y rústicas cabañas, con paseos al aire libre, ríos, arroyos y playas de baja calidad; con comida similar a la de los “comedores obreros”, en bandejas de aluminio, ron barato y música, en vez de ir a hoteles e instalaciones turísticas. Y esto, además, debía verse como un privilegio.
En 2006, al celebrar el vigésimo quinto aniversario del plan, Fidel señaló, ante fundadores y directivos del Campismo Popular, dirigentes de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), estudiantes universitarios y trabajadores sociales, que «en Europa o cualquier otro lugar del mundo esta forma de recreación cuesta millones de dólares. En tanto aquí, de una manera bien organizada, se concibe como un sano modo de disfrutar el tiempo libre».
Pero como no siempre las personas son capaces de apreciar privilegios como el que representaba el campismo popular, a los cubanos se les prohibió la entrada a los hoteles.
Así el Campismo Popular (junto a la inconstitucional prohibición a los cubanos de hospedarse en hoteles, incluso si tenían el dinero para hacerlo o alguien pagaba por ellos) cumplió el «revolucionario» papel de liberar las instalaciones turísticas para el turismo extranjero.
Ya que el Plan Campismo Popular fue creado fundamentalmente para los jóvenes, que disfrutarían de instalaciones en playas y ríos, ¿quién mejor que la UJC para administrarlas? Fidel Castro lo exponía así en 1981: «hemos estado trabajando con los compañeros de la Juventud Comunista para organizar, en las montañas y bosques de Pinar del Río, los primeros campamentos juveniles y de trabajadores…».
Y mientras disfrutaban de esta forma de recreación, los jóvenes permanecían todo ese tiempo bajo la influencia ideológica de la organización juvenil del PCC. De esta forma, el Plan cumplió un papel doblemente «revolucionario». Por un lado, se convirtió en la alternativa forzada (aunque presentada como privilegio) para los cubanos expulsados de hoteles e instalaciones turísticas. Por el otro, propició un entorno de libertad y contacto con la naturaleza para el adoctrinamiento de la juventud.
30 años después del surgimiento de los campismos, y rendido ante la evidencia de que la afluencia de turismo no es igual todo el año, lo que dejaba los hoteles casi vacíos durante meses, el Gobierno cubano decidió permitir a sus ciudadanos alojarse en las instalaciones destinadas solo a los extranjeros por años. Pero la mayoría de los cubanos no podían permitirse pasar ni una noche en un hotel, debido a los bajos salarios.
Desde 2008 ya no está en vigor la prohibición (que nunca se plasmó en una ley escrita) según la cual los cubanos no podían alojarse en hoteles ni siquiera entrar en ellos. Además, las medidas económicas con las que el Gobierno de Raúl Castro pretendía reactivar la economía del país «sin prisas, pero sin pausas» habían dado lugar a la aparición de un grupo de cubanos que disponía de dinero suficiente para permitirse ese lujo, ya que recibían ayuda económica de familiares (cubanos en el exilio) y amigos del extranjero. Dinero que el Gobierno no quería dejar escapar.
Hoteles de lujo en Cuba
Para construir hoteles, el régimen siempre ha contado con fondos y materiales de construcción suficientes, incluso en los momentos de mayor crisis. La construcción y la gestión de los hoteles tampoco se redujeron cuando, como consecuencia de la pandemia de la COVID-19 y de los años de crisis cada vez más agudos en materia de energía eléctrica, escasez de alimentos, etc., se produjo una caída significativa del turismo en Cuba.










Energía eléctrica en Cuba
Revolución energética 2006
Siete usinas termoeléctricas y dos generadoras a partir del gas acompañante del petróleo forman el «débil» sistema eléctrico nacional, cuyas frecuentes roturas y paralización por mantenimiento producen largos e irritantes apagones que Castro ha prometido eliminar. El plan fue el reemplazo de las grandes plantas termoeléctricas por numerosos pequeños generadores dispersos por toda la isla, cuyo objetivo fue solucionar los problemas de ese sector, básicamente por un sistema eléctrico obsoleto y no rentable. Castro anunció que el país adquirió 4.158 de esos pequeños generadores. Pero esta medida no funciona, por las siguientes razones:
- Se pierde la economía de la generación de electricidad a gran escala;
- La sincronización del suministro de electricidad generada desde numerosos lugares, para satisfacer los cambios minuto a minuto en la demanda de electricidad, es complicada y costosa;
- La cantidad de problemas y los costos de mantenimiento de tantos generadores dispersos son altos;
- Los costos logísticos del control y el manejo aumentan en la medida en que la red nacional se sustituye por sistemas regionales.
- Se utiliza el caro combustible diesel en lugar de combustible pesado de bajo costo:
- El combustible diesel tiene que ser transportado en camiones hasta los generadores dispersos en la isla;
- Son necesarias inversiones para el almacenamiento de combustible diesel en numerosos depósitos de suministro;
- Los problemas de hurto de combustible diesel pueden ser significativos, y los costos de seguridad y protección pueden ser altos.
Ningún otro país en el mundo ha adoptado este método de generación de electricidad, lo que sugiere que no tiene sentido desde el punto de vista económico.
El plan maestro energético también ignora un posible papel del sector azucarero en la producción de etanol y en la contribución al suministro de energía. Según Ritter “La experiencia de Brasil indica que a mayores precios del petróleo, el etanol de caña de azúcar se vuelve económicamente viable. El cierre de unos 70 de los 156 centrales azucareros de Cuba en 2003, la inactividad de otros 40 y la contracción de todo el conjunto de servicios agroindustriales azucareros es también una pérdida importante para la generación de electricidad”.
Sustitución de electrodomésticos
Fidel Castro también dispuso la sustitución de electrodomésticos de fabricación soviética, «monstruos consumidores de electricidad», por nuevos equipos de tecnología china, de bajo consumo y moderno diseño. La base de la estrategia es el ahorro. En virtud de esa campaña, la mayoría de los cubanos se deshizo de sus electrodomésticos de fabricación soviética y estadounidense y los sustituyó por otros de producción china. La prensa nacional, y el propio «sabelotodo en jefe» a la cabeza (Fidel Castro), explicaban entonces las ventajas de cocinar con las ollas de presión eléctricas, de reemplazar el molesto queroseno que aún usaban muchas familias por una hornilla moderna que se enchufaba a la corriente y de calentar el agua en una vistosa jarra de plástico que no necesitaba fósforo ni gas, porque solo consumía vatios.

Fidel Castro
No se ha logrado una «progresiva reducción del gasto» de electricidad ni se eliminaron obstáculos a la hora de hacer acciones tan básicas como refrigerar los alimentos o procesarlos. Muchos de aquellos flamantes electrodomésticos se rompieron con sorprendente rapidez.
Casi 20 años después, la mayoría de los equipos (cocinas eléctricas, ventiladores, ollas arroceras, refrigeradores, televisores) se han descompuesto y los cubanos tienen que hacer malabares para repararlos o reponerlos.
Más de un millón de equipos de cocción no funcionan en Cuba por la falta de piezas de repuesto. Aunque el país dice no contar con dinero para adquirir partes y piezas de repuesto para los equipos de cocción de los cubanos, la falta de financiamiento que aqueja al Programa no afecta el ensamblaje de ollas arroceras eléctricas y ollas multipropósitos destinadas a la venta en tiendas en MLC (Moneda libremente convertible – dólares).
En marzo de 2022, la Industria Nacional Productora de Utensilios Domésticos (INPUD) anunció el reinicio del ensamblaje de esas ollas. Las 16.000 unidades de ambos equipos que preveía producir la INPUD estaban destinadas a esas tiendas, en las que no pueden comprar los cubanos que dependen de los salarios pagados por el Estado, y a la comercialización a través de los sitios de venta online que tiene el Gobierno, donde solo se puede pagar desde el extranjero.
Hasta el momento, los dólares obtenidos no parecen haber generado beneficios a los cubanos, que no pueden reparar sus equipos de cocción porque el Gobierno no ha comprado piezas de repuesto para ellos.
Apagones
Los apagones se han convertido en un problema diario para millones de cubanos, que observan resignados cómo la corriente se va cada vez más a menudo y durante más horas. Esto sucede en pleno verano boreal, con temperaturas difíciles de soportar sin un ventilador en funcionamiento o un refrigerador que conserve los alimentos frescos. Casi a diario el gobierno reporta fallas en sus centrales termoeléctricas, encargadas de cubrir la mayor parte de la demanda de hasta 3.000 megavatios (MW) en hora punta en un país en el que las renovables apenas aportan el 6%. Las autoridades suelen atribuir las disrupciones de la producción y suministro a labores de mantenimiento, averías, incendios, escasez de combustible o falta de piezas.
Los apagones en Cuba son un problema recurrente que afecta a la población cubana desde hace décadas. Se deben principalmente a la falta de inversión y mantenimiento en la infraestructura eléctrica del país, así como a la dependencia de combustibles importados para generar energía o usan crudo nacional cubano con alto contenido de azufre.
A esto se suma la reciente escasez de diésel en la isla, donde se han observado largas colas frente a las gasolineras. Las autoridades cubanas han aplicado algunas soluciones provisionales en años recientes, como incorporar centrales eléctricas flotantes procedentes de Turquía, que aportan algunas decenas de MW. Otros proyectos de mayor magnitud, desde la creación de un parque eólico masivo hasta una central que funcionaría con biomasa de caña de azúcar, no han llegado a concretarse o no han dado los resultados esperados.
«Antes al menos la quitaban de una a tres horas, ahora quitan la corriente seis, siete u ocho horas seguidas. Estamos hartos; aquí no hay muchos recursos y hay gente que no tiene con qué alumbrarse; además, no puedes dormir del calor y la incomodidad y al otro día ya tienes que levantarte e irte a trabajar o a la escuela. Y a mi hija los apagones nocturnos le están impidiendo estudiar en plena temporada de exámenes».
Testimonio de un padre cubano, 2022
«Lo peor es no poder cocinar, ya que a los cortes de corriente se suma la escasez de gas. Para rellenar el balón de gas tienes que pasarte 3 o 4 días haciendo cola, y si tampoco hay luz la gente no tiene cómo cocinar y muchos se quedan sin comer. ¡Hasta que hay que cocinar de nuevo con leña! Realmente es estresante tener que estar pensando cuándo regresará la corriente; y cuando la tienes, pensar cuándo la van a quitar y tratar de hacer todo en el momento en que la ponen: cocinar, lavar, planchar…».
Testimonio de una madre cubana, 2022
En este verano de apagones y desesperos, no falta quienes indaguen sobre qué ha pasado con los supuestos logros de la Revolución Energética y exijan un balance de cuánto contribuyó aquella campaña al desastre que se están vivendo ahora al optar por caminos y estrategias que, dos décadas después, han evidenciado que fueron fallidas. Sin embargo, las mismas voces oficialistas que auguraban un futuro «luminoso», nunca mejor dicho, en el suministro eléctrico, ahora hacen silencio o evitan mirar hacia ese pasado reciente. Saben que criticar aquellas decisiones es señalar directamente a Fidel Castro. De manera que al no poder hacer el mea culpa de ese proyecto, se vuelven cómplices de sus nefastos resultados.


No habrá cortes de electricidad para los turistas o la élite cubana
No todo el territorio cubano sufre de la misma manera los apagones. La capital -y en especial sus barrios más emblemáticos como el Vedado o la Habana Vieja- suele ser el último lugar en quedarse sin corriente. La Habana siempre ha sido protegida por el impacto político y turístico que pueda tener. Durante la feria mundial del turismo World Travel Market 2022, el ministro de Turismo cubano, Juan Carlos García Granda, dijo que los cortes eléctricos que afectan a la población cubana «no perjudican al turismo», pues el sector privado está preparado. «La red privada y estatal que se dedica a la actividad turística se prepara para situaciones de contingencia energética con grupos electrógenos de emergencia o con celdas fotovoltaicas, porque también tenemos objetivos medioambientales».
Mientras, los cubanos en las ciudades de provincias y las zonas rurales se acostumbran como pueden a su nueva normalidad energética.
Agua en Cuba
Para el abastecimiento de agua potable, Cuba depende en gran medida de la lluvia, que se absorbe y llega a los ríos a través de fuentes subterráneas, desde donde se bombea y se filtra para distribuirla posteriormente a las casas. También hay presas, pero con la sequía escasea la potable.
La capacidad de almacenamiento hasta inicios de la década del 60 no rebasaba los 47,8 millones de m3 entre las trece presas ubicadas en las antiguas provincias de Las Villas, Camagüey y Oriente. Debido al sistema deficiente de embalses y al restringido acceso a los recursos hídricos, los efectos de la sequía de 1961 y 1962 y el posterior paso del ciclón Flora en 1963 fueron devastadores.
Determinada por este contexto nació la política conocida como «Voluntad Hidráulica» para ampliar las reservas de agua mediante la construcción de nuevas presas. Se creó una red de embalses que asegurara el abasto en tiempos de sequía y tuviera capacidad de almacenamiento durante los períodos lluviosos. Los embalses debían constituir también una forma de controlar los cauces de los ríos durante las crecidas. Los trabajos comenzaron en 1963 con la llegada de los primeros 140 especialistas húngaros y de la antigua Unión Soviética que asesoraron a la empresa constructora de obras hidráulicas. Durante los años posteriores, Cuba expandió 190 veces su volumen de almacenamiento en embalses superficiales, hasta contar con más de 9.000 millones de m³ en 242 reservorios superficiales en la actualidad.
Los embalses en Cuba son mayoritariamente de régimen hiperanual, por lo que requieren de varios años para llenarse y vaciarse. Esta particularidad es esencial para el manejo sostenible de los reservorios. Cada uno de ellos tiene diferentes ciclos de llenado y vaciado, de acuerdo con la hidrología de las zonas donde estén ubicados. Después de un huracán con mucha lluvia, se llenan rápidamente, pero tras un periodo sin lluvia, el agua se evapora más rápido.
Deficiencias en el manejo
Los problemas del abasto de agua podrían disminuir, en buena medida, si se realizara una adecuada gestión de los recursos con los que cuenta el país. Hay dos problemas graves actualmente, la medición y la mala política de operación de las fuentes, que son mucho más que los embalses. Cuba no posee un sistema de metraje efectivo que permita controlar con exactitud los volúmenes de agua entregados. Para erradicar el problema de la medición, sería necesaria la instalación de “aparatos de medición en todos los embalses, acueductos, conductoras. Algunos de ellos se producen en Cuba, pero otros hay que importarlos, sobre todos los que se utilizan en las obras más grandes, como las conductoras y las compuertas de los embalses. La problemática del metraje repercute directamente en el manejo de las fuentes. La ausencia de control sobre el consumo real imposibilita determinar la demanda e impide una correcta planificación de los volúmenes de agua a entregar.
Es común que a los acuíferos se les saquen volúmenes arbitrarios según las decisiones de quienes las administren. Ello implica que el riesgo de sobrexplotación de los reservorios, ya sean superficiales o subterráneos, es una constante en el manejo de los recursos hídricos en el país.
En el caso de las fuentes de abasto de agua su disponibilidad y aprovechamiento es también insuficiente por el estado técnico e inadecuada operación de la infraestructura para el aprovechamiento hidráulico y la isla pierde más de la mitad del agua que bombea debido al mal estado de las redes hidráulicas.
Como todo en el socialismo, el suministro de agua está regulado por el Estado. Es frecuente tener suministro solamente una vez cada varios días, y ni siquiera a todas horas. No hay suficiente de agua y por eso llega a un distrito un día, y al siguiente se envía a otro. Eso varía por barrios, y también es diferente por regiones en Cuba.
Como con la energía la escasez de agua no afecta a los hoteles turisticos o a la élite cubana. Los familiares del régimen y los funcionarios tienen acceso cada día.
Los días en los que hay suministro, el agua no llega con una corriente constante. Debido a los problemas con las tuberías y a la escasez, solo hay durante unas horas. Y las tuberías no siempre llegan dentro de los hogares, que la reciben mediante mangueras o tubos caseros confeccionados por los propios habitantes. Muchos cubanos usan motores para bombear el agua hasta la parte superior de la vivienda; de ahí se distribuye a toda la casa.
En Cuba es muy común ver las calles mojadas, aunque no haya llovido durante días. Las tuberías, casi siempre anticuadas y porosas, permiten que se pierda el agua. Más del 50% de la potable se desperdicia por este motivo. El mantenimiento está a cargo de empleados del Estado, quienes dependen de materiales importados, que no llegan. Las soluciones son temporales y las fugas se suelen cerrar de forma provisional. Cuando descubren un problema en la tubería, muchos cubanos no confían en que el Estado lo vaya a arreglar pronto. Pasarán días, tal vez semanas, antes de que alguien lo solucione.
«La semana pasada, un hombre que estaba trabajando aquí con cables de electricidad accidentalmente perforó un agujero en el agua. ¡Nos roció a todos! Pero porque tarda demasiado antes de que alguien lo revise. Hemos tenido que rellenar el hueco con los vecinos para evitar que el líquido salga».
Testimonio de un cubano, 2017
Raúl Castro: Una ‘apertura’ económica con pocos resultados (2011)
Raúl Castro sustituyó en 2008 a su hermano Fidel como presidente del Consejo de Estado de Cuba. Desde entonces la isla ha vivido cambios en su organización, aunque sin dejar su estructura comunista ni los principios revolucionarios puestos en marcha en 1959. A su llegada al poder, Raúl Castro tomó la decisión de encaminarse por una senda de reformas estructurales para “actualizar” el modelo económico-social cubano y salir de la grave crisis económica.
Como parte de ese programa, Raúl Castro aprobó una serie de reformas sociales y económicas de carácter “transformativo”, las cuales tendieron a la introducción de mecanismos de mercado, pero manteniendo la adhesión a los principios socialistas basados en la planificación centralizada (y sin acompañar esos cambios con una liberalización política). La revitalización fue el principal objetivo de las reformas en el ámbito económico, dando un giro a lo que venía siendo una política con un enfoque totalmente socialista y de rechazo a las reformas de libre mercado.
En realidad no se dio una modificación sustancial del modelo económico, sino una actualización del mismo, manteniendo el predominio de la planificación central estatal y de la propiedad estatal sobre las leyes del libre mercado. El objetivo de ese proceso ha sido garantizar la continuidad e irreversibilidad del socialismo, como han declarado las autoridades cubanas, así como fomentar el desarrollo económico del país y mejorar el nivel de vida de la población.
Entre otros puntos, los acuerdos aprobados establecían la entrega de un usufructo a campesinos y cooperativas, y abrían las puertas al despido masivo de cientos de empleados estatales. Las pautas de la reforma, sin embargo, no fijaban el papel específico que el sector estatal y el no-estatal debían jugar en la economía.
Tierras en usufructo a campesinos
Uno de los grandes pilares de las reformas fue la entrega en usufructo de tierras estatales ociosas a campesinos y cooperativas, con el propósito de reducir las importaciones y aumentar la producción. Los usufructuarios han obtenido el derecho a cultivar esas tierras y a quedarse con lo que cosechen, pero el Estado sigue manteniendo la propiedad y puede rescindir el contrato por razones de interés público.
La regulación se llevó a cabo mediante dos leyes: una primera, en 2008, sujeta a muchas restricciones y en realidad desventajosa para los agricultores; y una segunda, en 2012, más flexible, mediante la cual el gobierno ampliaba el tamaño de la parcela (de 13 a 67 hectáreas), aprobaba la plantación de huertos y bosques, y además permitía la construcción de casas al lado de las tierras (anteriormente prohibidas). De todos modos, aunque la ley de 2012 era menos restrictiva que la anterior, como se ha dicho, seguía incluyendo ciertas trabas que desincentivaban la implicación de los agricultores.
Trabajo privado (cuentapropismo)
A principios del año 2011, la nómina estatal presentaba una tasa “inflada”, con millones de empleados estatales en puestos y condiciones de trabajo precarias. Por esta razón, Raúl Castro promovió el despido de 500.000 trabajadores estatales excedentes, entre octubre de 2010 y marzo de 2011, lo que elevó la tasa de desempleo al 12%. Para contrarrestar esta medida, se crearon en una primera etapa 250.000 empleos por cuenta propia y se fomentaron también otras actividades privadas. Los acuerdos del VI Congreso del PCC permitieron la aprobación de 178 actividades por cuenta propia: muchas de ellas eran muy específicas y no cualificadas (como carretilleros o cuidadores de baño), y unas pocas cualificadas (como traductores o agentes de seguro). Con ello se flexibilizó el trabajo privado.
A pesar de este desarrollo de lo que en Cuba se conoce como ‘cuentapropismo’, existen restricciones que hacen que la mayoría de profesionales no puedan trabajar por su cuenta en su profesión, y esto reduce el capital humano disponible para potenciar la economía del país.
Situación económica
El plan de reformas de Raúl Castro no ha tenido el éxito esperado, principalmente por el grado de restricción que las regula. La falta de la pretendida revitalización económica se ha manifestado en el pobre desempeño de la economía cubana en los últimos años. Cuba mantiene su crónico déficit comercial. La llamada actualización del modelo cubano ha logrado la expansión del mercado y de las propiedades no estatales, pero en una economía que sigue estando condicionada por la planificación estatal esta medida sigue resultando ineficiente, al igual que sucedió en China o Vietnam. El modelo económico tiene que cambiar para que Cuba salga adelante, y eso parece que no está en los planes de los comunistas.
«La situación que estamos viviendo en el país, cómo vamos a cerrar este año y llegar al nuevo es preocupante, es muy grave, y lo lamentable en medio de esto, es que no notamos que exista una voluntad política por parte del régimen cubano para implementar las medidas que son necesarios, unos cambios urgentes y profundos, políticos, económicos y sociales.»
Yaxis Cires, director de Estrategia del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), 2022
Salario y moneda en Cuba
Canje de dinero en Cuba (1961)
En la mañana del 5 de agosto de 1961, el pueblo cubano despertó con una noticia inesperada: el periódico Revolución anunciaba en su primera página: «DISPONE EL GOBIERNO EL CAMBIO DE BILLETES».
El artículo comenzaba diciendo: «La contrarrevolución acaba de recibir un poderoso golpe que dejará debilitado todo su aparato interno para financiar conspiraciones y para pagar terroristas, asesinos y acaparadores». Más adelante agregaba: «Una importante medida, oportuna respuesta a otra infame maniobra imperialista, fue aprobada por el Consejo de Ministros, al disponer el cambio total de los billetes de curso legal en Cuba».
La medida se había estado fraguando, sin la más mínima filtración, desde el propio año de 1959, y se ejecutó felizmente gracias, en primer término, al factor sorpresa, y también a la cooperación de la Imprenta Nacional de Valores de Praga, en la República Socialista de Checoslovaquia. Se cuenta que fue empleado un ardid: disimularon aquella valiosa carga al interior de cajas de armas que miembros de las fuerzas armadas trasladaron a todos los puntos del país designados para ejecutar el canje.
Para ello, el Gobierno Revolucionario dictó las leyes 963/61 y 964/61. La primera se decretó cuatro días antes de la segunda, ya que no era conveniente que sus respectivos contenidos se conocieran al mismo tiempo.
La primera de las leyes, la 963/61, promulgada el 4 de agosto de 1961, estableció las condiciones generales para ejecutar el canje obligatorio de todos los billetes que circulaban en el país, los cuales perderían su fuerza liberatoria y cuyo curso legal se prohibiría. Durante los días 6 y 7 de agosto, un miembro de cada familia podría acudir a los lugares habilitados para ese fin. Pero solo se permitiría cambiar 200 pesos de una vez. Si la cantidad era superior a esa cifra, el resto sería depositado a nombre del solicitante en una cuenta especial y podría ser canjeado a partir del 14 de agosto de ese año.
La ley 964/61 fue promulgada el 8 de agosto, y establecía que las personas naturales que acudieran a realizar el canje del efectivo recientemente colocado en sus cuentas especiales, obtendrían de inmediato hasta una suma de mil pesos. A partir de ahí, hasta los diez mil pesos, podría retirarse a razón de 100 pesos mensuales. Todo lo que excediera el depósito inicial de diez mil pesos quedaría sin valor canjeable; o sea, las familias perderían ese dinero.
Desde entonces, la posesión de dólares (divisas) estaba prohibida, se consideraba un delito grave y se castigaba con penas de prisión. La prohibición estuvo en vigor hasta 1993.
Política monetaria
- 26 julio de 1993. Se anuncia la despenalización de la tenencia de divisas en el país, una prohibición vigente por décadas, que llegó a ser un delito sancionado con penas de cárcel.
- 20 de diciembre de 1994. Se informa la entrada en circulación de un «peso convertible» (CUC) para realizar las operaciones en divisas.
- 15 de octubre de 1995. Abren casas de cambio (CADECA) estatales en La Habana.
- 8 de noviembre de 2004. Entra en vigor la sustitución definitiva del dólar por el peso cubano convertible (CUC).
- 15 de noviembre de 2004. Cuba grava con un 10 por ciento el cambio del dólar en efectivo.
- 21 de diciembre de 2017. Raúl Castro afirma ante la Asamblea Nacional que «no puede dilatarse por más tiempo» la solución al problema de la circulación de dos tipos de monedas.
- Octubre de 2019. Abren las primeras tiendas con pago exclusivamente en divisas (MLC), a través de tarjetas electrónicas, para la comercialización de artículos de alta demanda como electrodomésticos, partes y piezas de automóviles y motocicletas.
- 20 de julio de 2020. Se elimina el gravamen del 10 por ciento al cambio del dólar estadounidense, vigente desde 2004.
- 20 de julio de 2020. La venta de mercancías en divisas se extiende a productos básicos como alimentos y artículos de aseo y limpieza.
- 10 de diciembre de 2020. El presidente designado de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y el líder del Partido Comunista, Raúl Castro, anuncian la salida de circulación del CUC el 1 de enero de 2021 y el establecimiento de una tasa única de cambio de 24 CUP por dólar estadounidense.
- 1 de enero de 2021. Se instaura la llamada Tarea Ordenamiento, y comienza una inflación galopante (con la circulación de varias monedas: USD, EUR, MLC y CUP) que no tiene para cuándo acabar.
El peso cubano convertible (CUC)
Cuando la economía cubana entró en una grave crisis tras el colapso de la Unión Soviética, el gobierno cubano decidió legalizar el dólar estadounidense como medio de pago en 1993. Sin embargo, la moneda estadounidense llevaba mucho tiempo establecida en el mercado negro de bienes escasos, cada vez más importante para el pueblo cubano, y el gobierno quería acabar con ello. Al mismo tiempo, el Estado necesitaba urgentemente divisas para sus importaciones después de que cesaran en gran medida las relaciones comerciales con los antiguos Estados comunistas de Europa Oriental. En 1994, el dólar fue sustituido por el peso convertible como moneda extranjera nacional.
Los turistas, cuyo número aumentó considerablemente en la década de 1990, ahora tenían que pagar (casi) todo en dólares. De este modo, el Estado se aseguraba una fuente de divisas en constante ebullición. Para los turistas, los diplomáticos y los cubanos con autorización especial, se crearon tiendas en dólares, donde se podían comprar en divisas los llamados «artículos de lujo» (bienes que no se pueden adquirir en el sistema de Libreta o que se adquieren en contadas ocasiones). Por cada dólar que entraba a la economía cubana, se emitía un CUC, y ambas monedas se utilizaban en la economía que comenzaba a emerger, dependiente del turismo, las remesas y la inversión extranjera.
Más tarde, el público en general también pudo comprar allí. Dado que había muchos productos que no se podían adquirir en las tiendas normales en pesos, surgió una moneda paralela más fuerte que el peso local. Estas medidas crearon un país más estable durante los años 90 donde convivían tres monedas simultáneamente, aunque en realidad estaba dividido entre quienes tenían dólares y el resto.
Ya desde 2003, el CUC se había impuesto como la moneda con la que tenían que operar las empresas estatales, pero en noviembre de 2004 se decidió que el dólar dejaría de circular como moneda para la compra de bienes y, en adelante, solo podrían usarse CUC o pesos. No se prohibió la circulación del dólar en Cuba, aunque se desincentivó su uso, especialmente los pagos en efectivo, al crear un impuesto del 10% al cambio. Las cuentas bancarias en dólares siguieron existiendo.
El resultado de esto fue un país en el que se incentivaba importar todo para venderlo en CUC y seguir importando. Exportar o producir para el mercado local se hacía imposible. Y el problema de los salarios en el sector estatal no parecía tener solución. Con sueldos que se convertían en 20 o 30 CUC apenas se podían comprar esos mismos productos que se importaban.
El panorama fue moldeando la nueva economía, que poco a poco dejó de producir alimentos o productos industriales que el mercado interno necesitaba. Estos siempre se podían importar mientras el turismo siguiera fluyendo, mientras los cubanos siguieran emigrando al país donde sí podían ganar dólares, mientras Venezuela y otros países siguieran contratando los servicios médicos.
Desde Estados Unidos, los emigrados tuvieron más facilidades para enviar divisas a sus familiares, gracias, en parte, al servicio de Western Union, que comenzó a operar a finales de 1995. Con el tiempo, las remesas se convertirían en una de las fuentes de ingresos más importantes para el país.
Unificación monetaria – inflación galopante
A partir del primero de enero de 2021, Cuba unificaba sus dos monedas y múltiples tasas de cambio y deja un solo tipo de cambio en circulación, una medida muy esperada para simplificar el modelo económico. El peso convertible (CUC), vigente por casi tres décadas, pasaba a la historia. De esta manera, hay solamente un tipo de cambio oficial, el peso cubano (CUP). El presidente Miguel Díaz-Canel cerró así la puerta a más de 25 años en los que circulaban estas dos denominaciones, en busca de un sistema menos complejo y una economía “más fuerte”, aunque los expertos y la población en general temen que se generen golpes inflacionarios.
Esta reforma, vista como una de las más significativas para actualizar el modelo socialista, no vendrá sola. La acompañarán una reforma salarial, otra de pensiones, un incremento de los precios de bienes y servicios como la electricidad y un retiro progresivo de subsidios.
Pero, en la práctica, ¿qué cambiará en un país que hoy atraviesa su peor crisis en las últimas tres décadas?
Esto derivó en una devaluación del peso cubano. La moneda se disparó de 24 a 120 pesos por dólar en la tasa oficial. En el mercado negro está a 180.
«Aunque en el marco de la reforma, el salario se incrementó un 450% en promedio, los precios están por el cielo, no acompañan el salario. Yo recibo una pensión mensual de 1.528 pesos cubanos, equivalentes a 13,8 dólares a la tasa oficial, casi lo mismo que cuesta hoy una caja de 30 huevos (14 dólares). Compro lo que me dan y siempre como pollo. Lo que me preocupa es que el mundo se ha hecho para los cubanos más desigual.»
Testimonio de una cubana, 2023
De acuerdo con cifras oficiales, la inflación aumentó un 70% en 2021 y 39% en 2022. Pero según economistas, las estadísticas oficiales subestimaron entre 5 y 6 veces la inflación efectiva. La inflación real en 2022 superó el 200%, una de las más altas del planeta, incluso por encima de la crisis del denominado Periodo Especial en la década de 1990.
Tiendas en MLC (moneda libremente convertible)
MLC no es más que un nombre para todas las divisas que pueden cambiarse «gratuitamente» en Cuba. MLC es un valor monetario digital que se acredita en una cuenta bancaria especial, disponible sólo para cubanos, tan pronto como se haya realizado un depósito (por transferencia bancaria o en efectivo en el banco) en una moneda extranjera (CHF, EUR, GBP, USD, etc.) en una cuenta MLC. En las tiendas especiales de MLC, donde está prohibido el pago en CUP o en efectivo, sólo se aceptan tarjetas de débito de MLC emitidas por un banco cubano o tarjetas de crédito internacionales.
Dadas estas circunstancias, en octubre de 2019 el gobierno decidió abrir tiendas en Moneda libremente Convertible (MLC) para que las personas puedan acceder a ciertos electrodomésticos y repuestos. Pero a partir del año 2020, se dio la instrucción de vender también productos de primera necesidad bajo el argumento de captar divisas y con estas abastecer las tiendas en moneda nacional y la venta en dólares tenía «el objetivo de obtener financiamiento para la compra de más materias primas, y de generar utilidades que se reviertan en mejoras para la industria y los trabajadores». La realidad es que las tiendas en moneda nacional permanecen desabastecidas y la promesa nunca se cumplió, pero además se generó aún mayor desigualdad en el acceso a los alimentos porque no todos los cubanos pueden acceder a MLC (dólares).
Todas las «medidas» del gobierno cubano, a lo largo de 64 años, se declaran como urgentes e inevitables, tienen un carácter secretista, y son aplicadas de manera drástica, con el argumento de contrarrestar el acoso del imperialismo yanqui y beneficiar la economía del país. En la realidad, nunca representan una alternativa para evadir o resistir el embargo estadounidense, sino un beneficio a corto y mediano plazo para el Estado. Tales decisiones suelen aumentar el control oficial y reducir la posibilidad de participación de la ciudadanía en los movimientos fundamentales de la economía nacional, lo que una y otra vez perjudica de manera directa la vida ya precaria y vulnerable de los cubanos.
Miguel Díaz-Canel: Apertura del comercio a las empresas extranjeras – la venta del país
Cuba es un país muy diferente al resto, especialmente en el comercio. No hay centros comerciales, cadenas de supermercados o franquicias de marcas locales e internacionales como en el resto del continente latinoamericano y gran parte del mundo.
Todas las compras y ventas en establecimientos minoristas y al por mayor, así como las exportaciones e importaciones, están sujetas al control exclusivo del Estado. Pero el Estado está prácticamente en bancarrota.
Las contadas tiendas de ropa, electrónica o electrodomésticos carecen de oferta, por lo que estos y otros productos llegan en viajes de particulares y se comercializan en el mercado paralelo a precios abultados. La escasez de alimentos, productos de aseo y medicamentos es cada vez más acuciante, a lo que se ha sumado una crisis energética con constantes apagones. Además, la producción del país está bajo mínimos, entre otros motivos por la falta de maquinaria, piezas e insumos necesarios para la agricultura y la producción industrial. El resultado: Un éxodo de más de 100.000 personas, entre ellas muchos jóvenes, a EE.UU. y Europa.
Tras innumerables reformas económicas sin éxito, el gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel ha anunciado un paso para tratar de aliviar la situación. En septiembre de 2022 el comercio mayorista y minorista se abre a los inversores extranjeros por primera vez en más de 60 años. ha decidido dejar entrar a las empresas extranjeras en el comercio, sector clave de su economía centralizada.
En el sector mayorista, las empresas extranjeras venderían los insumos necesarios para mejorar la deprimida producción agrícola e industrial del país, según el plan del gobierno. Y en el minorista se enfocarían en surtir a la población de productos básicos. Se promoverá que se destinen fundamentalmente a la venta de materias primas, insumos, equipamiento y otros bienes que contribuyan a impulsar el desarrollo de la producción nacional; y el suministro de productos alimenticios, de aseo, de línea económica y para la instalación de sistemas de generación de electricidad con fuentes renovables de energía.
El gobierno cubano indicó que las ventas de las empresas extranjeras en Cuba serán en divisas. Esto supone que los cubanos que no tienen acceso a dólares -en general aquellos que no reciben remesas de sus familiares en el extranjero- no podrán comprar los productos e insumos que se ofrezcan.
Esto ya ha venido ocurriendo en Cuba, donde desde 2020 el Estado vende gran parte de los alimentos, productos básicos e incluso medicinas en divisas, lo que ha dejado a muchas personas en una situación de extrema vulnerabilidad.
Las compañías extranjeras no operarán libremente en el país: estarán obligadas a hacerlo junto con el Estado cubano, principalmente en la modalidad de empresas mixtas. En este tipo de empresas, habituales en el sector turístico, el gobierno cubano suele ostentar una participación de algo más del 50%. Las autoridades cubanas remarcaron, de hecho, que esta apertura no supone el fin del «monopolio» estatal sobre el comercio. La parte extranjera traería los productos, mientras Cuba gestionaría los trabajadores, el almacén y el transporte, y los beneficios se repartirían a la mitad más o menos. Puede ocurrir que una cadena empiece a poner su marca y a suministrar a alguna de esas tiendas. En una empresa mixta la parte cubana aportaría la infraestructura que ya existe, el personal que está allí, y la cadena extranjera vendría con su marca, traería suministros y financiación.
¿Habrá empresas dispuestas a invertir en el sector comercial cubano? Siempre va a haber inversionistas arriesgados, y en el mercado cubano hay muchas oportunidades porque falta de todo.
- Primero, si una cadena de supermercados quiere entrar a Cuba tendrá que recorrer un camino muy complicado de permisos, burocracia, autorizaciones…En general, el estricto control del Estado sobre la economía podría desincentivar a muchos inversores, según economistas.
- La segunda barrera sería la insolvencia del Estado cubano, que debe varios miles de millones de dólares a proveedores y por eso precisamente han dejado de suministrarle productos. Cuba tiene muchísimas deudas que no paga. Que los negocios que entren queden protegidos de los impagos del gobierno es algo que habría que considerar. Las autoridades anunciaron que al principio «no habrá competencia» en el mercado y darán prioridad a las empresas que han estado radicadas en Cuba durante varios años. Pero es precisamente a estas a quienes el Estado debe importantes sumas, por lo que no está claro si decidirán aventurarse en nuevos proyectos con su insolvente deudor.
- En tercer lugar, Cuba tiene un serio problema monetario: su economía está cada vez más dolarizada y su moneda local, el peso, carece de valor internacional y ha reducido su valor a una quinta parte respecto al billete estadounidense. Habría que negociar la tasa de cambio y cómo las utilidades de ese inversionista van a tener una vía expedita para salir de Cuba, que siempre ha sido un problema. Surge el problema financiero: cómo se paga, con qué moneda, a qué tasa de cambio. Si venden en pesos cubanos, los precios serían muy elevados. ¿Y el Estado va a cambiárselos por divisas a las empresas para que las saquen al exterior, o va a autorizar que vendan directamente en divisas? Si es así ya empieza a haber una contradicción.
Descapitalización
Desde hace mucho tiempo, los especialistas en la economía cubana analizan la profunda descapitalización de los activos fijos o tangibles de la economía, con una caída enorme de las tasas de Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF).
En el proceso de descapitalización debido principalmente a la falta de reposición y modernización de los activos tangibles también han actuado otros factores negativos como la carencia de mantenimiento, utilización de insumos de baja calidad, operación de equipos en condiciones terriblemente adversas (transporte sobre vías en pésimo estado de conservación o con cargas de pasajeros muy altas) e incluso inadecuada operación del equipamiento por empleados insuficientemente preparados o sin interés en cuidar los medios a su disposición.
En este marco adverso y al no existir una política de modernización, en ocasiones por factores políticos como sucede en las telecomunicaciones, es evidente el incesante incremento de la depreciación tecnológica o moral, como algunos la llaman, con la consecuencia que el país en su conjunto se encuentre en una etapa de decadencia productiva muy peligrosa, en un mundo globalizado donde la competencia es cada vez más fuerte.
El fenómeno de la creciente descapitalización nacional se visualiza fácilmente por la desaparición de la industria azucarera, el estado calamitoso de la infraestructura –comprendidas vías férreas, carreteras, calles, edificios, viviendas, conductoras de agua y electricidad- y un atraso tecnológico impactante en fábricas, transporte, agricultura, instalaciones educacionales y culturales y otras. Esto demuestra que el país se derrumba progresivamente.
Paralelamente a la acelerada depreciación de los activos tangibles de la nación, avanza otro tipo peor de desvalorización del patrimonio nacional: la descapitalización humana que desde hace años progresa a través de varias vertientes.
La pérdida, falta y deterioro de conocimientos científico-técnicos es una de ellas, y otra más generalizada y perversa, peor de resolver en el futuro, es la erosión de los valores espirituales, comprendidos los relacionados con la identidad nacional y conceptos éticos, morales y cívicos, que si bien son difíciles de medir en términos económicos, sin duda alguna tienen un enorme peso en el desarrollo general de un país.
Respecto a la disminución de los conocimientos, un factor importante es el continuo drenaje de especialistas y prominentes artistas que se marchan al extranjero, decepcionados por la realidad nacional, deseosos de una vida digna para ellos y sus familiares, libre de las persecuciones y dogmas ideológicos. A ello se une una elevada cantidad de especialistas, que empujados por la necesidad han dejado sus profesiones para dedicarse a oficios de inferiores requerimientos de capacitación, descalificándose progresivamente, al dejar de ejercer. Incluso aquellos profesionales que permanecen en sus puestos de trabajo por lo regular carecen de estímulos y medios suficientes para superarse, tarea difícil en las actuales condiciones de ausencia de información científico-técnica actualizada.
A su vez, la mayoría de los especialistas, a diferencia de lo que acontece en el mundo entero, tienen enormes limitaciones para acceder a Internet y procurar información que les permita estar al día en una época de acelerado desarrollo científico y tecnológico.
A esto se añade el mantenimiento de una educación, que si bien el gobierno intenta desembarazar de métodos improvisados y extremos absurdos (maestros emergentes e integrales con adolescentes formados en pocos meses, escuelas en el campo, largo períodos de los estudiantes en trabajos agrícolas), todavía mantiene los viejos esquemas doctrinales y se mantiene ajena a los progresos operados en el mundo, con la revolución en las técnicas de la comunicación, incluido el acceso a Internet. Aunque la propaganda oficial continúe hablando de haber formado un millón de graduados universitarios (prácticamente el 10,0% de la población del país), habría que ver que cantidad de ellos en realidad tienen el nivel correspondiente a los parámetros requeridos internacionalmente, una realidad reconocida hasta por altas personalidades oficiales.
En este deplorable escenario ha surgido una nueva moral que lo permite todo, con lo cual la población trata de justificar cualquier violación de la ética más elemental para poder sobrevivir en esta jungla en que se ha convertido Cuba. Las características de las nuevas normas de conducta se basan en la doble moral, la mentira, la simulación, el robo y la estafa, derivadas de decenios de miseria y represión impuesta por un régimen solo interesado en mantener un poder omnímodo sobre el pueblo cubano.
Si al principio de la Revolución se planteó la defensa de la soberanía, la independencia y la identidad nacionales como principales objetivos, en los hechos la ciudadanía, y en particular la juventud, constatan que a través de todos los años Cuba ha dependido económicamente de otros países. Aproximadamente tres millones de cubanos se han marchado al extranjero y muchos más lo harían si tuvieran oportunidad.
En el caso de Cuba, la situación es complicada pues al mismo tiempo que se deberá reedificar materialmente, habrá que restablecer los valores morales perdidos durante tantos años de totalitarismo y crisis.
No sólo habrá que luchar por la reconstrucción material, sino por la recomposición del alma de los cubanos.
Otras fuentes: Hans-Jürgen Burchardt, La Joven Cuba, Cubacute, Sergio Ángel, Nastassja Rojas, Bruno Sovilla, Carmelo Mesa-Lago, Fernando García, Archibald Ritter, Yoani Sanchez, Atahualpa Amerise, Sanne Derks, Julio Batista Rodríguez, Diario las Américas, Valeria Vásquez, Tomás Cardoso, Inés Casal, 14ymedio, Oscar Espinosa Chepe, Tomás Ernesto Pérez, aidablog, Alexander Figueredo, Ángeles Rosas, Norley Pérez, Pedro Campos, Mario Pentón